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REDISEÑEMOS NUESTRO CEREBRO

Cada vez más a menudo, en mis sesiones de coaching, el plan de acción consiste en transformar los mapas mentales, los esquemas almacenados en nuestra memoria. Dicho de otra manera, desmontar nuestras creencias limitantes.

Si nuestra manera de pensar, analizar, interpretar y creer no nos está valiendo para vivir como queremos, ¿para qué seguir manteniéndola?

Una primera hipótesis puede ser no querer salir de la zona de confort donde nos encontramos: “Aunque las cosas no me van bien, Virgencita que me quede como estoy”.  Y en nuestra sesión trabajamos el observador que queremos ser, donde estamos, donde queremos llegar y cómo vamos a dar los primeros pasos.

Pero, nuestra forma de pensar, de vivir, de mirar, de relacionarnos con nuestros amigos, de interpretar la vida, de afrontar las dificultades, de comunicarnos con nuestros hijos… no se “sube” un día de repente al tren de nuestra vida.

Busquemos la mejor versión de nosotros mismos

Somos la suma de nuestros aprendizajes. Vamos “metiendo” dentro de nuestro cerebro información infinita: la que llega de nuestros padres, hermanos, amigos, desde la Infancia hasta ahora. Información de las reglas, las normas, los procedimientos de empresas; tus manías, tus gustos, tus deseos, tus anhelos y todos los de tus seres queridos; y mucha, mucha información más. Toda esta información, cada uno la introduce en su cerebro, según su manera de mirar, con sus filtros, desde “su margarita”. Así, ante una misma circunstancias dos personas pueden ver y vivir realidades distintas.

¿Qué pasa si lo que vemos y vivimos no nos gusta?, ¿Qué cambie el mundo? No. Desde un punto de vista responsable, desde la excelencia de querer ser la mejor versión de nosotros mismos, la vida nos plantea un reto: ver lo que veo, de otra manera, encontrar mi aprendizaje en esto que está ocurriendo.

¿Con qué herramientas contamos?

Tenemos muchísimos avances en la neurociencia que nos apoyan, nos ayudan y nos abalan a los coach, en las “herramientas” que usamos. Comencemos:

  1. La plasticidad: El cerebro es un órgano moldeable y cada destreza aprendida, lengua estudiada o experiencia vivida, reconfigura nuestro mapa cerebral.
  2. ¿Qué es el mapa cerebral?: entre otras cosas, todos los esquemas que guardamos en nuestra memoria. La Inteligencia entre sus funciones es como un gran ordenador, donde se almacena toda la información que recibimos y la que ya tenemos (la memoria). De este gran ordenador, salen las ideas, los sentimientos, los deseos, las motivaciones. Es lo que José Antonio Marina denomina, Inteligencia Generadora.
  3. Y además, hay una inteligencia superior, denominada por la neurociencia Inteligencia ejecutiva, que es la que evalúa, bloquea, rechaza o acepta, toda la información anterior que le llega de la inteligencia generadora. “Examina” todo lo que pensamos.
  4. Pues bien, cuando al cerebro le llega una información y la almacena: un montón de neuronas se han puesto a trabajar. Las neurona se unen unas a otras por campos magnéticos, busque nuevos encuentros, nuevas neuronas, y se producen nuevos aprendizajes. (Se producen las conexiones sinápticas)

Y nuevos aprendizajes es lo que necesitamos todos los días para construir la vida que queremos. ¿Qué favorece que se produzcan nuevos aprendizajes?:

  1. El lenguaje que usamos. Nuestra habla interior; Cómo hablamos a los demás. De modo que si practico un lenguaje positivo: Quiero, puedo, me atrevo, es posible, soy capaz, etc…. Favoreceremos la maduración de las células madre que se crean diariamente en el hipocampo, y que necesitan un periodo de 3 semanas para convertirse en neuronas. Y así favorecer el ritmo de nuestros aprendizajes. Más aprendizajes nuevos, más neuronas nuevas. A este proceso de maduración de la célula, la neurociencia lo denomina “neurogénesis”.

Por tanto, si queremos salir de la zona de confort, si queremos transformar nuestros hábitos en otros más potentes, valiosos, favorables, para mi vida. Empieza transformando tu lenguaje.

 

  1. De modo que cuando tenemos una creencia: el mensaje claro, poderoso y firme que recibe nuestro cerebro, activamos un mapa mental determinado con unas neuronas determinadas. La creencia es tan fuerte, que tengo unas neuronas trabajando. Tengo un camino que ya está hecho, muy aprendido, porque mis pensamientos son siempre los mismos. (“Ante situaciones de estrés, grito”). Nuestro trabajo, en las sesiones, es saber si esa creencia me ayuda a conseguir mi objetivo. ¿Me vale mi creencia?, ¿Puedo transformarla por otra?. Quiero neuronas nuevas, así que necesito pensamientos nuevos, positivos, que construyan, que me acerquen al éxito, y nuevos mapas mentales.
  2. El Yoga y la meditación, nos ayudan, entre otras cosas, a vivir en el presente, a unir nuestra mente-cuerpo. Nos enseñan a parar, respirar y estar a gusto con nosotros mismos.

Practiquemos con nuestro lenguaje

Vamos a practicar, a despertar la conciencia: a darnos cuenta de cómo nos hablamos. Vamos a identificar qué creencias, qué frases repetitivas, hemos hecho tan nuestras que no me permiten vivir como deseo.

Pongamos un ejemplo. Frase a transformar: “Ante situaciones de estrés, grito” (a mis hijos, a mi equipo, a mi pareja) y decido transformarla por: “Respondo con calma, con ternura y con sentido de humor, ante situaciones difíciles”. La frase la tenemos que escoger cada uno. Debe ser una que nos despierte interés, ganas, motivación. Que sea valiosa para cada uno.

Esta nueva creencia, nuestra Inteligencia generadora no la tiene almacenada. Nuestro cerebro no la reconoce. Es más, hemos vivido durante muchos años habitando la creencia contraria, de forma inconsciente (imitando patrones). Aquí viene el reto. “Adiestrar a nuestro inconsciente”, hacernos amigos de todas nuestras células que un día se convertirán en neuronas y ponerlas a trabajar para nosotros.

Durante 21 días nos repetiremos esta frase.

¿Por qué 21 días?: EL Pais, 21/12/2014: Maxwell Maltz (1889 -1975), un reconocido cirujano plástico de la Universidad de Columbia en la década de 1950, empezó a darse cuenta de un patrón que seguían sus pacientes: cuando les modificaba algún rasgo de la cara, por ejemplo, la nariz, les llevaba 21 días acostumbrarse al nuevo aspecto. Observó también que el síndrome del miembro fantasma en los amputados seguía el mismo patrón de los 21 días. “Estos y muchos otros fenómenos observados comúnmente tienden a mostrar que se requiere de un mínimo de 21 días para que una imagen mental establecida desaparezca y cuaje una nueva”, escribió Maltz en su libro Psycho-Cybernetics (Psico Cibernética: el secreto para mejorar y transformar su vida), un libro de autoconocimiento que habla del potencial humano, publicado por primera vez en 1960 y que ha vendido varios millones de copias.

Siempre repito esta frase a mis coachees: “Si entrenamos nuestro cuerpo, vamos al gimnasio, practicamos, golf, tenis, fútbol, etc… ¿por qué no entrenar nuestra mente?

Roger Sperrey, premio Nobel decía: “No es verdad que el estómago esté al servicio del cerebro, sino al revés. El cerebro al servicio del estómago”.

Como nos cuenta José Antonio Marina, una y otra vez en sus libros: “la función de la inteligencia es dirigir la acción, aprovechando cada uno nuestras capacidades de conocer y discurrir”.

Ahora ya nada se te puede resistir. Ponte en marcha, actúa, cuida tus palabras y entrena tu mente. ¡Construye la vida que quieres!

 

 

 

 

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