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Nuestra forma de hablar define cada instante,  como va a ser el día, el entorno en el que nos relacionamos, en el que trabajamos…etc, Es más, nuestras palabras conforman la sociedad en la que vivimos.

En mis trabajos con padres, muchos me preguntan, qué hago para educar a mi hijo?, qué le digo para que estudie?, qué hago para que saque buenas notas?.

Y yo entiendo a los padres que quieren el mejor futuro para sus hijos. Yo también lo quiero para los míos.  Si, deseamos un futuro de éxito para nuestros hijos, que estudien una buena carrera, que sean personas que conquisten triunfos. Que les vaya bien en la vida, que no tengan que pasar penurias. Pero, no sabemos cómo va funcionar el mundo dentro de 20 años. Hoy, sólo sabemos qué es lo que ocurre en nuestro presente, en el día a día.

Educar a los hijos es:

  • Dejar de “cuidarlos como un bonsái» y proveerle del mundo rico y generoso que necesitan las plantas silvestres, nos dice Julie Lythcott-Haims .
  • Dejar de “presionarlos” , con las clases de tenis, inglés, informática, con la nota del examen de mates y hacerles sentirse importante: mirándole a los ojos, preguntándoles: ¿Qué ha sido lo mejor de tu día?.
  • Enseñarles a amar. Amándoles incondicionalmente (dejando a un lado mi juicio de que quiero que sea “el mejor”, y acompañándolo a ser su mejor versión).
  • Cuidar las palabras que le decimos a diario: Tu puedes, eres un campeón, prueba!, veras que te sale fenomenal; corre, salta, descubre, explora, juega, diviértete.
  • Conocer el “estilo de tu hijo”: sus fortalezas, sus puntos de mejora, que le hace reír, con qué se divierte. Qué necesita? (no lo que tú quieres que necesite, no lo que tú quieres que haga….)
  • Estar abierto a cada momento. La vida es una aventura, a cada instante hay improvistos y nosotros, sus padres, somos sus modelos de comportamiento les enseñamos a cómo gestionarlos, superarlos, afrontarlos y a aprender de ellos.

 

El estudio Grant de Harvard, el estudio longitudinal más largo de la historia (75 años), respalda una única conclusión: La felicidad es el amor. Pero no el amor al trabajo. El amor a los seres humanos, a tu familia, a tus amigos, a tus relaciones.

Enseñamos a nuestros hijos a amarse a sí mismos , comenzando por nuestro amor incondicional hacia ellos. Y ya no ponemos tanto interés en las notas, en que vayan a colegios carísimos, en las clases particulares de mates para que saquen buenas notas….. Sino,  pararnos a mirar la carita de alegría que tienen cuando nos cuentan que hoy ha sido el “encargado de la clase” (y los hacemos sentir importantes); Si dejamos  a un lado a la tecnología (Ipad, los móviles…) y le dedicamos toda nuestra atención (mirada, gestos, silencios, escucha…). Las mejores “competencias” de nuestros hijos estarán instalándose poco a poco en nuestros pequeños y adolecentes.

Educar a los niños es compartir con ellos las “cosas básicas” de la vida: hacer la cama, poner la mesa, recoger el baño, etc. Porque cuanto más pequeños comiencen a hacer este tipo de trabajo “desagradable”, “ingrato”, que necesita ”mi esfuerzo”, antes va a desarrollar el impulso, la iniciativa , la creatividad que necesita el adulto para colaborar con sus compañeros o anticiparse a lo que necesita su jefe. ¿Pues no queremos que nuestros hijos tengan éxito?.

El éxito lo amasamos cada uno de nosotros día a día, marcándonos unos objetivos y cumpliéndol

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